La casualidad,
las sábanas revueltas
y que no me importe haber pecado en otra equivocación.
Despertarme
con el movimiento ajeno
buscando tu boca en duermevuela,
como si tus manos siguieran habitando mi piel.
mientras remacho tus clavos en mis estigmas.
Negar tres veces que tu nombre permanece en la punta de mi lengua.
Canta el gallo
y solo me queda admitir
que el conjuro para invocar tu olvido
deja de funcionar cuando amanece la resaca.
No son incompatibles
su saliva,
el recuerdo de tus dedos
y mi cigarro de después.
No sabía lo mucho que le gustan los tríos a tu fantasma.
9 de agosto de 2026
Ester Sinatxe

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