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jueves, 23 de abril de 2026

Hasta aquí puedo llegar

876 días (hora arriba, hora abajo) desde la última vez que dejé que el verso se hiciera labio. ¿Pero quién tiene tiempo para contar los minutos?

En estos años se ha podrido el deseo, escondido en el baúl del desván. Oculto de la amenaza perpetua del doble filo del espejo. Y nada que reprochar,  yo misma me he acostumbrado a usar su reflejo para flagelar cada centímetro de mi cuerpo.

Obsesionada con purgar, en bucle, todos los males de esta caja de Pandora que habito.
Obsesionada con quedarme hueca.
Obsesionada con malcuidarme para validar por enésima vez, que mi piel no merece el tacto ajeno. Caricias acumuladas en las yemas de otros dedos, que al imaginarlas me golpean, me asfixian, me rajan… hasta que todo huele a hierro y me ahogo en el charco de mi propia sangre.

Huyo, rehúyo.

Casi 4 meses (cerveza arriba, cerveza abajo) desde que le han vuelto a salir alas a la pluma. ¿Pero quién tiene tiempo de contar los segundos platos?

Se oye el chirrido estridente de las rejas intentando abrirse, emociones muertasvivientes tirando de ellas, alargando sus brazos para llevarse a la boca mis entrañas en carne viva.

Sujeto, hasta clavarme bajo todas las capas de la dermis, las llaves de esta destartalada casa que okupo. No vaya a ser, que en un descuido, alguien pueda abrir mis 46 candados oxidados.

Las ganas, sedientas, me miran a los ojos.

Pero yo empuño la duda, la incredulidad, y me defiendo vomitando letras en estos polvorientos cuadernos. Y hasta aquí puedo llegar.

Cuando el máximo contacto que te permites es el del papel, no hay mano (en la cara, en la barbilla) que pueda desarmarte. 

22 de Abril de 2026
Ester Sinatxe


viernes, 2 de febrero de 2024

Duermo con gafas. La explicación.


Tengo hambre, siempre, hambre que me devora las entrañas hasta que el hueco se hace tangible.

Soy capaz de quitarme de encima todo el peso del mundo con tan solo dos dedos.

Acumulo diarios empezados por el final en un escritorio más que desordenado.

Puedo obsesionarme con cualquier canción aleatoria. Cuando suena Creep por quinta vez consecutiva pienso que I'm the weirdo in every fucking song, honey.

Nunca entendí por qué Dorothy quería volver a aquella casa en blanco y negro, abandonando el color de Ciudad Esmeralda.
Yo sigo andando en espiral por baldosas amarillas. Sin cerebro, sin valor. Pero con el corazón rebosante en las manos para poder lanzártelo sin piedad cada vez que nos encontramos.
Y es que mi hogar es el tornado, que me arrasa las venas pintándome de sangre los labios.

Me ha costado 40 años descubrir que sí existe alguien que comprende a los electroduendes, que la Bruja Truca la baraja del tarot para dejarme crear mi propio destino con los versos que me cuelgan del pecho.
Versos que no riman.
Versos que descansan todo el verano esperando que el otoño seque las hojas para dejarse caer, para precipitarse por la tinta del río que nace en la cima de la montaña de libros sin leer.

Duermo con gafas por si me despierto a las 3 de la mañana con ganas de escribir, poder distinguir a mi musa en la oscuridad, entre las líneas de las manos. Mis manos. Ojalá tus manos.

No sé cantar, pero me quedo afónica destrozando otra canción que se repite una y otra vez.
I hope you are the one who waits for me, honey.
Ojalá tus manos, Metallica, mi sofá.

Está claro que no sé hablar de mí sin hablar de ti, de vosotros, de todos, de mis gatos.
Que os llevo tatuados en la piel, en los ojos, en todos los posibles futuros que soy capaz de inventarme retorciendo la realidad. Viviendo de expectativas.
Y es que no tengo nada más preciado que compartir que mi soledad, mi independencia y la torpeza con la que cuido de mí misma, con la que derramo el café por las páginas en blanco de mis cuadernos. La torpeza con la que mis pies dejan huella enredándose entre ellos y consiguen que me vuelva a dar de bruces.

Cuidado que me rompo con facilidad, la facilidad con la que me vuelvo a reconstruir.

Ojalá tuviera la misma habilidad para poner(te) punto y final.

Ojalá tus manos.
I wish my hands between my thighs and a smile, honey.
Benditos Arctic Monkeys.

Bendito punto y seguido. 

1 de Febrero de 2024
Ester Sinatxe